Mi palabra para ustedes

Mi palabra para ustedes

 

Hasta ahora, este libro te ha hablado acerca de la profecía y el ministerio profético. Es apropiado que este capítulo final sea profecía. Te invita a caminar conmigo hacia una experiencia profética. Para mí simple y claramente resume todo el libro.

Me gustaría compartir una historia personal contigo. Es una lección poderosa que aprendí de un encuentro con Dios. Cuando uso el termino encuentro sobrenatural, la gente me pregunta, “¿A qué te refieres exactamente con eso?” La mejor manera en que lo puedo explicar es refiriéndome a la Biblia. Veamos 2 Corintios 12:2:

Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo; Dios lo sabe).

En la noche del 16 de Noviembre de 2008, mientras estaba orando, tuve un encuentro sobrenatural. Esto fue lo que pasó.

El Señor vino y me dio un entendimiento inmediato acerca de madurar en lo profético. Comenzamos a caminar por lo que parecía ser una carretera o un camino, y le pregunté a Jesús, “¿Qué es este camino?” Antes de que pudiera terminar mi oración, Él respondió, “La senda antigua.” Yo no sabía que esta frase venía de Jeremías 6:16:

Así dice el Señor: «Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado.

Comenzamos a caminar lado a lado por este camino. A los lados del camino habían señales. Yo sabía que estas señales representaban lecciones importantes en cuanto a cómo crecer y madurar en lo profético. Mientras caminábamos por cada señal, todo lo que yo tenía que hacer era verlas, y sin que el Señor hablará, comencé a recibir entendimiento de que significaba. Aún todavía sigo aprendiendo más y más, creciendo en mi comprensión de estas señales y en lo importantes que son. A medida que yo continúe orando y meditando en ellas, por la gracia de Dios, creceré y maduraré en cada una de las áreas representadas por estas señales. Mi oración es que ustedes también comiencen a meditar en estas señales y las incorporen a sus vidas.

En total pasamos diez señales.

 

  1. Amistad con Dios

Cuando caminamos por la primera señal, yo entendí que la madurez profética debe comenzar con cultivar una relación continua con Dios. Parece básico, ¿verdad? Este es el comienzo, el lugar del cual todo ministerio fluye—una amistad con Dios. En Santiago 2:23, aprendemos que Abraham fue llamado amigo de Dios. Abraham es la única persona en la Biblia en ser llamado un amigo de Dios. Qué forma tan fantástica de ser conocido—¡como un amigo de Dios!

Cuando pienso en la palabra amigo, hay un sentido de cercanía, confianza, y confidencia. Tu amistad con Dios crecerá a medida que inviertas tiempo con Él. Te animo a que le hagas preguntas a Dios y escuches Sus respuestas. Invita a Dios a tus actividades diarias.

El centro del ministerio profético es convertirse en un amigo especial de Dios, uno con quien Él pueda compartir secretos. Este tipo de amistad está disponible para todos (Jn. 15:15).

En Juan 21:16, Jesús le hizo una pregunta a Simón Pedro: “¿Me amas?” El amor es poderoso, ¿verdad? Dios es amor, y Su relación con nosotros debe contener amor. Necesitamos amar en todo tiempo. El fundamento de una amistad con Dios es amor.

 

  1. Tranquilidad

La tranquilidad es un poco difícil de describir, pero cuando Jesús y yo caminábamos por esta señal, yo sabía que estar tranquilo y quieto era el resultado lógico de una amistad con Dios. Él tiene mucho que compartir con nosotros si se lo permitimos.

El Señor me resaltó dos versículos acerca de la tranquilidad:

a procurar vivir en paz con todos, a ocuparse de sus propias responsabilidades y a trabajar con sus propias manos. Así les he mandado, 12 para que por su modo de vivir se ganen el respeto de los que no son creyentes, y no tengan que depender de nadie.

—1 Tesalonicenses 4:11–12

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.

—Marcos 1:35

 

  1. Labios limpios

 Hay demasiado poder en nuestra comunicación verbal, tanto bueno y malo. Especialmente en el ministerio profético, necesitamos mantener nuestro discurso limpio y puro. El versículo que el Señor me mencionó cuando caminamos por esta señal fue Efesios 4:29:

Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.

  1. Corazón contrito

 Después de caminar por esta cuarta señal, comenzó a ser obvio que el Señor me estaba resaltando Escrituras para hacerme entender Sus prioridades en cuanto a cómo madurar en lo profético. Él me mostró cuán importante debe ser el Salmo 24:3–4 en nuestras vidas:

¿Quién puede subir al monte del Señor?¿Quién puede estar en su lugar santo? Sólo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos..

 Cuando vi esta señal entendí que Dios quiere que SU pueblo tenga un corazón totalmente conectado con Él y un corazón completamente devoto a ÉL. Hay demasiadas distracciones hoy en el mundo que quitan nuestra mirada de Dios. Lo que Dios quiere es una devoción incondicional.

  1. Motivaciones puras

 Cuando ministramos a la gente, es importante no mezclar la profecía con nuestras opiniones, nuestras frustraciones, o las cosas que no soportamos. El ministerio profético se trata de motivaciones puras y de compartir solamente lo que Dios nos está mandando a compartir. La revelación que es hablada necesita ser limpia y pura, y debe apuntar a Jesús. Nuestras motivaciones son pesadas por el Señor (Pr. 16:2), así que el ministerio profético nunca debe ser acerca de complacer al hombre ni de tratar de ganar su aprobación (Gal. 1:10).

  1. Intimidad

Esta es, de alguna manera, similar a la primera señal de la amistad con Dios. En nuestro deseo de crecer y madurar en el ministerio profético, el enfoque principal debe ser acercarnos a Dios. A medida que nos acerquemos a Él, creceremos en lo profético. Pero todo entra en cortocircuito cuando comenzamos a buscar el don en lugar de buscar al Dador del don. ¿Esto tiene sentido? Dios está más interesado en nuestro carácter que en nuestro don. A medida que nuestra intimidad con Dios crezca, nuestro ministerio profético crecerá y se desarrollará también.

Los íntimos comparten secretos—y los guardan. Una de las primeras cosas que el Señor me dijo hace unos veinte años fue que yo sería conocido en el cielo no por lo que yo diga sino por lo que no diga—por lo que retenga. En otras palabras, Dios podría confiar en mí. De alguna forma, aunque yo sé que animar a otros es importante, hay un gran valor en mantenerse callados y dejando que Dios comparta secretos conmigo que nunca serán dichos. Amos 3:7 dice, “En verdad, nada hace el Señor omnipotente sin antes revelar sus designios a sus siervos los profetas.” Si nos acercamos a Dios, Él compartirá secretos con nosotros.

Una vez escuché a un predicador decir, “Un profeta es conocido en la tierra por lo que ve y dice, pero un profeta es conocido en el cielo por lo que ve y no dice.” Debemos aprender a mantener ciertas cosas para nosotros. ¡Nuestro hablar debe ser limitado a los que Dios nos permita decir!

 

  1. Responsabilidad Espiritual

 La próxima señal que Jesús y yo pasamos decía “Responsabilidad Espiritual.” Mientras caminábamos juntos, de alguna forma me sorprendió que estuviéramos caminando lado a lado, casi caminando al mismo paso. Estábamos tan cerca que cada cierto tiempo nuestros hombros se rozaban. Mientras continuamos caminando, había una profundidad en nuestra amistad que no había sentido nunca antes. Jesús me la estaba revelando a medida que íbamos caminando. Yo estaba sintiendo una cercanía y un lazo con Él que eran nuevos para mí. Es un poco difícil decirlo en palabras. De alguna forma yo sabía que ésta era la manera en que Jesús quería que fuera nuestro viaje—caminar juntos al unísono.

De algún modo esto estaba conectado a la responsabilidad espiritual. Nosotros no podríamos caminar juntos a menos que yo me hiciese responsable ante Él y ante Sus siervos. ¿Por qué es que algunas personas creen que someterse a una autoridad es algo que debe evitarse? ¡Nada podría estar más lejos de la verdad! Hay seguridad cuando nos sometemos (y a nuestros ministerios) a una autoridad espiritual. Además, Romanos 13 es muy claro acerca de asuntos de autoridad y las consecuencias de rebelarse en contra de ésta.

  1. Humildad

Tan pronto como nos aproximamos a esta octava señal, hubo un cambio en la atmósfera. Era como si yo podía sentir la humildad de Jesús de alguna forma irradiando desde Él. Para mí fue un gran impacto darme cuenta de que la verdadera humildad es mucho más de lo que yo me imaginaba, especialmente la humildad en la qué Jesús camina. Fue difícil entenderlo mentalmente, pero fue aleccionador para mí estar caminando cerca de la humildad de Jesús. Además, tuve un sentimiento sobrecogedor de estar protegido y seguro en Su presencia. Antes de ésta experiencia, yo había pensado ocasionalmente que la humildad me podría hacer vulnerable. Ahora puedo ver la fortaleza y la seguridad que trae. Me di cuenta que Números 12:3 y Mateo 11:29 son vitales para madurar en lo profético:

A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra.

—Números 12:3

 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma.

—Mateo 11:29

 

  1. Fe

 Después de caminar con Jesús en Su humildad, me sentía como un hombre diferente cuando nos aproximamos a la señal de la “Fe”. La fe es un ingrediente clave en el ministerio profético. Cada palabra profética que he dado en los últimos veinte años ha sido un paso de fe. Yo necesité fe tanto para la primera palabra profética que compartí como para la última también. Cuando profetizamos, lo hacemos conforme a nuestra fe:

Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe.

—Romanos 12:6

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.

—Hebreos 11:6

  1. Servir

 

¿Es importante servir a otros en el ministerio profético?

En verdad, nada hace el Señor omnipotente sin antes revelar sus designios a sus siervos los profetas..

—Amós 3:7

En mi caminar con Jesús, me pareció interesante que la última señal que Él escogió fuese un verbo, un mandato—la simple palabra servir. La palabra siervo describe a los profetas. Los que están envueltos en el ministerio profético sirven a aquellos a quienes Dios trae a sus caminos. Sí, servimos a Dios a recibir Su palabra y hablarla. Pero el ministerio profético no siempre se trata de dar mensajes de Dios. También se trata de servir y edificar a aquellos que necesitan ánimo.

3 No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. 4 Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

—Filipenses 2:3–4

 

El segundo más grande mandamiento es amar a tu prójimo como a ti mismo (Mt. 22:34–40; Mr. 12:28–31). Hay muchas expresiones de amor, pero ciertamente una es el ser un siervo.

 

Reflexiones finales

Al final de mi travesía con Jesús, sobresalieron unas cuantas cosas. Primero, la “senda antigua” por la que Jesús me dijo que caminara fue hecha para nuestra propia seguridad y protección. Únicamente caminando por estas sendas antiguas con Jesús creceremos y maduraremos en los profético. Segundo, la sabiduría de Jesús es esencial y necesaria. Él quiere compartirla con nosotros (Pr. 2:1–6). ¿Qué don más grande podríamos recibir?

 

Finalmente, cuando nos separamos, yo sabía (o por lo menos pensé que sabía) la importancia de conocerle mejor. Me identifiqué con la oración de Pablo en Efesios 1:17. Se convirtió en el clamor de mi corazón:

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.

—Efesios 1:17

Conocer mejor a Dios es algo muy grande—nunca seremos capaces de entenderlo completamente. Pero tener el deseo de conocerle mejor es un gran lugar para comenzar. Propón en tu corazón que el conocimiento de Dios en Cristo Jesús sea tu búsqueda de por vida.

Mientras meditaba en estas diez señales, comencé a ver algunas de las muchas conexiones entre ellas. Mi oración es que estas diez señales te lleven más profundo en el corazón de Dios y aumenten tu deseo de conocer y entender Sus planes y propósitos más claramente.

Una palabra final: no pienses tanto acerca de los mecanismos de cómo Dios nos habla. Devórate lo más que puedas de este libro, y que sea como información útil que posiblemente el Espíritu Santo podrá traer a ti cuando a Él le plazca. A medida que tu amistad con Dios crezca, comenzarás a conocer Su voz y Sus caminos. Es realmente así de simple. De manera sencilla, lo profético es más que todo acerca de conocerle mejor.

  

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